Voto cantado

Sobre las elecciones en país ajeno, los colores de la ideología vecinal y las cosas que te encontrás cuando cortás el pasto

Pronto son las elecciones en Canadá, y siempre me parece muy curioso estar en un país ajeno cuando viene esta época.

Empezaron a aparecer carteles en los jardines de las casas de mi barrio. Algunos rojos, otros azules, unos pocos naranjas. De pronto, cada vecino tiene ideología política. Y, me atrevería a decir, que se siente suficientemente orgulloso de ella como para poner un cartel en la puerta de su casa.

Logré esquivar con astucia a los agentes del partido rojo que venían a pedirme permiso para poner su cartel en mi jardín. Matías me gritó mientras me estaba bañando "Hay alguien en la puerta!" Y yo no le creí, porque no conocemos a nadie que vaya a tocarme la puerta. Para cuando decidí que quizás había alguien y bajé envuelta en la toalla, el agente del partido ya estaba tocándole la puerta al vecino.

De quien no me salvé fue de un candidato de ojos celestes y orígenes de entre el Tigris y el Éufrates, que se me apareció sorpresivamente mientras cortaba el pasto. Le dije "Uy! Perdón que no los vi!" (porque estaba con un asistente asiático para así cubrir las dos mayorías raciales del barrio) y me respondió "No se preocupe. Está haciendo un buen trabajo!" Ya está. Yo lo votaría.

El que me indignó fue un púber que tocó el timbre y, mientras miraba su teléfono y mascaba chicle, me preguntó si iba a apoyar a su candidato en las elecciones. Estuve a punto de gritarle "El voto es secreto!", porque me chocó que me preguntara a quién iba a votar así. De sopetón. Pero después vi mi barrio lleno de orgullosos carteles de colores, y me di cuenta de que, tal vez, lo del voto secreto es más para proteger a los partidos que a los votantes.

Solo contesté "No voto". Y tuvo el tupé de preguntarme por qué. Y no le importó en lo más mínimo mi respuesta. Se fue jugando al Candy Crush, como había venido.

El único vecino que está en sintonía conmigo, al menos en mi mezcla de desinterés e ignorancia política, es el del final de la cuadra, que colocó, con total desfachatez, los carteles con sus candidatos favoritos: Darth Vader y Jar Jar Binks.