Peligro! Inmigrante nueva

Sobre los derrumbes sin causa, el lugar de donde vienen las decoraciones de Halloween y cómo mi marido me empuja a la delincuencia

M.Alejo dijo que las lluvias habían causado el derrumbe del muro que sostiene el pasto en el frente de la casa. Pero todos sabemos que fue el riego que hicieron mis hijos este verano. La cuestión es que, una noche, el murito se cayó. Eran como seis piedras grandes volcadas sobre la calle y ocupaban medio metro cuadrado.

Los vecinos llamaron a las fuerzas del orden. Una especial, que se encarga de las leyes comunales, así que asusta menos. Vino un inspector que encontró a M. Alejo admirando sus territorios como Mufasa y, muy amablemente, le dijo que teníamos un problema. Lo derivamos al dueño de casa, que envió a unos obreros a reparar el muro. Pero antes, el inspector nos solicitó que pusiéramos una cinta de Peligro! en esa parte de la casa. Como si nuestra casa tuviera riesgo de derrumbe, que sí, pero suena feo.

Allá fui a comprar una cinta de Peligro! que viene en el práctico formato de 200 metros. Puse cinta en abundancia y me sobró para la decoración de Halloween de este año, y creo que para los próximos 25.

Unas semanas más tarde, con el muro arreglado y la basura ya encaminada, apareció enganchada en la puerta de mi casa, una tarjeta de otro oficial de leyes comunales. Entré en pánico. Qué hemos hecho ahora? Quizás el muro no quedó bien? Tal vez fue la araña de Halloween que puse en el árbol?

Y así empecé a entrar en pánico. Porque, pasada la ignorancia feliz de las primeras semanas, donde ni siquiera sabes que hay reglas, después entras en una etapa de alarma permanente porque que sabés que hay reglas pero no sabés cuáles son.

Con la tarjeta gubernamental en la mano, llamé a M. Alejo, que percibió mi estado de psicosis. "Tirala a la basura" dijo, con la frescura de quién creció en un país donde las cosas funcionan correctamente y la gente no tiene miedo de las fuerzas del orden, "si hay algún problema, van a mandar una comunicación por escrito". Sé que tenía razón. Tiré la tarjeta.

Les escribo estas palabras desde el centro penitenciario para inmigrantes... No. No pasó nada. Por ahora. Nada me quita el desasosiego de este primer mundo hiperreglado, para el que no estoy preparada.