La guerra de los mundos

Sobre esas dos palabras que cambian el sentido de los números como los conocía hasta ahora. Y otras dos palabras que un día escuché de la boca de Mr. Alejo

Ya empezó. La guerra de los mundos. Pero no la de Tom Cruise, que de poca ayuda me sería ahora mismo. Ésta es una guerra más cotidiana, con menos alienígenas, si exceptuamos a los 82 hermanos de Matías, y el desencadenante es la temperatura de la casa.

"Cuántos son 77 grados Fahrenheit?" Le pregunté a Mr. Alejo cuando vi que el termostato, todavía apagado en ese momento, marcaba eso. Mr. Alejo es mi oráculo. Mi Wikipedia (un poco subjetiva). El recipiente de todas mis dudas, traumas y miedos. El que tiene todas las respuestas. Y, si no las tiene, las inventa. Tenía que ser una pregunta fácil.

Aún así, me respondió "No sé."

Si no tienen marido, quizás no aprecien la dimensión de una respuesta así. "No sé" es inaudito. Nunca visto. Y ni siquiera fue a buscar el teléfono para consultar a su propio oráculo. Me dijo "no sé" y siguió con su vida como si el sistema térmico de Canadá no estuviera a punto de arruinarnos la vida.

Prendió la calefacción, porque hacía frío, y se fue a dormir. En el medio de la noche, la ezquizofrenia térmica llegó a su clímax, cuando la casa parecía Aruba en la temporada cálida, y Mr. Alejo prendió el ventilador.

Al día siguiente, volví a insistir "Cuánto es 77 grados Fahrenheit?" Mr. Alejo, cuyas opciones eran responderme la pregunta o escuchar el problema de mi amiga que no le interesaba en lo más mínimo, sacó el teléfono y me lo buscó. "77 grados Fahrenheit son 24 grados Celsius. Y la fórmula para calcularlo no es sencilla" me dijo.

Suficiente. Mi mente registró lo siguiente: 77 grados Fahrenheit, igual a 24 grados Celsius, es decir, demasiado calor en la casa. Por aproximación, 100 grados F. tienen que ser igual a temporada de pileta. 75 grados F., un número muy agradable a la vista, que no tengo idea a cuántos grados Celsius equivale, será el elegido para el termostato de la casa. Vivimos a 75 grados Fahrenheit. Al menos, hasta que vuelva Mr. Alejo de sus vacaciones empresariales.