La basura del primer mundo

Sobre los peligros del plástico negro, la mejor forma de doblar cartones y el estrés migratorio

La reacción de casi todo el mundo cuando dije que dejábamos en la puerta un balde de golosinas para Halloween fue "eso es primer mundo". Y lo es. Es nuevo para mí también. Lo más cerca que había llegado es el segundo mundo (segundo mundo plus, si se quiere).

Pero, cumplidos los tres meses de residencia, ya estoy habilitada por el gobierno de Canadá para quejarme. El primer mundo viene con un precio. El precio son las reglas. Miles de reglas. Reglas, reglas, reglas. Y todos las cumplen. Lo que nadie te dice es que, antes de poder empezar a cumplirlas, te las tenés que saber.

Ejemplo: vivir en una casa implica que hay que sacar los tachos de la basura a la vereda para que los camiones la recojan una vez por semana. Leyeron bien. La basura se tira en tres contenedores diferentes: orgánica, reciclables y basura normal. Los reciclables incluyen papel y plásticos pero no papel plastificado, ni plásticos blandos. Ni negros. Si tus reciclables exceden el tamaño del contenedor (y las 72 cajas de mi mudanza lo excedían) debés armar atados prolijos y ponerlos por fuera, pero si haces esto muy seguido, la municipalidad entenderá que necesitas un contenedor más grande y te pondrá una multa. Todos los jueves se saca el contenedor orgánico y jueves de por medio, uno de los otros dos. Deben ponerse lo más cerca posible de la calle, pero en tu vereda, a medio metro de la pared y entre ellos. Y a tres metros de algo más, que no entendí si es de tu casa, de Dios o del sistema solar.

Las primeras semanas, me estresó tanto lo de la basura que terminé viendo un video de Youtube donde el Gobierno de Canadá me explicaba cómo tirarla correctamente. Me pareció mucho. Ahora, llevo dos meses haciendo paquetitos de cartones. Aprendí a usar la trincheta con precisión, los pies para doblar los cartones más grandes y, una vez, como no tenía las manos libres, soplé una araña que venía hacia mí. Estoy cambiando.

Me acabo de dar cuenta de que esta crónica da para mucho más que el reducido espacio que me brinda esto. Así que, volveré sobre el tema. Todavía me queda: el derrumbe de la vereda, las leyes comunales y los cruces peatonales guiados. Y mucho estrés.